Al final, solo uno gana la copa por mérito propio. A nadie se le ocurriría saltar a la cancha, contratar a los árbitros y hacer desaparecer a los demás equipos bajo cualquier pretexto para coronarse campeón por falta de contrincantes.
Este relato permite revisar lo sucedido en Estados donde aparecen actores cuyos intereses personales de poder y dinero chocan con la democracia. El fascismo nazi (1930-1945) es un ejemplo doloroso de la exclusión de la disidencia, la resistencia social y el pensamiento crítico. Mediante el miedo, el terror y la persecución —ya sea judicial o física—, se buscó someter a la sociedad.
Actos simbólicos como la quema de libros, la Noche de los Cuchillos Largos y la Noche de los Cristales Rotos instauraron un miedo estructural que anuló la voluntad individual y la seguridad ciudadana. Asimismo, el saludo obligatorio y el marcado de minorías transformaron la cotidianidad en un ejercicio de paranoia y vigilancia mutua. Dinámicas similares se observaron en Chile bajo el régimen de Pinochet.
Hoy, Ecuador enfrenta una forma de neofascismo que utiliza la persecución psicológica y judicial para «jugar el partido solo», buscando expropiar recursos nacionales y servir a intereses externos. Hechos recientes —que no son aislados— como la irrupción de una tanqueta militar en una feria de emprendedores en Quito el 6 de marzo de 2026, sumados a procesos judiciales contra líderes sociales y autoridades opuestas al gobierno del presidente Noboa, generan una presión que vacía la cancha electoral. Finalmente, la proscripción por nueve meses del Movimiento Revolución Ciudadana (Lista 5) elimina un contrapeso vital, consolidando un modelo de gobierno sin oposición real.
Además, cabe señalar que la actual administración no ha solucionado problemas fundamentales como la inseguridad, el desempleo o las crisis en salud y educación; en términos deportivos, no ha anotado ni un solo gol a favor de la patria.
La democracia, al igual que un encuentro deportivo, requiere reglas claras y adversarios legítimos para tener validez. Cuando el poder político instrumentaliza el aparato judicial y recurre a la intimidación simbólica para eliminar la oposición, el sistema deja de ser democrático para convertirse en un simulacro autoritario. La historia demuestra que el «miedo estructural» no busca el bienestar común, sino asegurar el control total de los recursos.
En Ecuador, la desarticulación de fuerzas políticas y la militarización de espacios civiles sugieren un preocupante retorno a estas prácticas, donde ganar «por falta de contrincantes» invalida cualquier pretensión de legitimidad.
Ante esto, la alternativa ciudadana es levantar la voz en todos los espacios posibles, incluso en aquellos viciados por el poder de turno. Debemos acudir a la justicia, los medios, las redes sociales y la movilización social como recursos de resistencia amparados en la norma constitucional.
Una vía democrática fundamental es la Revocatoria del Mandato, derecho que permite dar por terminado el periodo de una autoridad de elección popular antes de tiempo. No se trata de un «golpe de Estado», sino de un mecanismo legítimo de rendición de cuentas establecido en el Artículo 105 de la Constitución de la República del Ecuador.
Jorge Cáceres E.
8 marzo 2026

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